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domingo, 26 de diciembre de 2010

La primera vez


Es la primera vez... en 46 años... que no paso la Nochebuena... con mi familia de origen.

Ni siquiera... cuando me fuí de casa... con 19 años... dejé de acudir... a la celebración familiar.

Por un día... la familia... parecía familia.

"¿Cuál es la diferencia ahora?"... me preguntaba una de mis cuñadas... hace unos meses... 

La diferencia... son los años pasados.

Gota a gota... mi vaso se ha llenado... y con ello... mi capacidad de... seguir sonriendo... aparentando que todo está bien... cuando hace años que no es así... con la esperanza falsa... de que en algún momento... si así lo creía... así sería.

No... todo no depende de nosotros... por más que lo creamos... o lo intentemos.

Y no... tampoco digo que... yo no tenga... una parte de responsabilidad... pero por lo menos... yo lo intenté... muchas veces...

Este año... la familia de mi ex-cuñada... nos acogió en su casa.

Ni una pregunta... ni un comentario fuera de lugar.

Mi hija y yo fuimos... dos miembros más.

Me permitieron colaborar... con mi sencilla preparación de las almejas... que fueron muy apreciadas.

Ambiente relajado... bromas... nada de voces estridentes... ni gestos exagerados... ni falsedades... ni hipocresías...

Nada... fuera de lugar.
   
Hasta Papa Noel... se acordó de nosotras...

El día de Navidad... de nuevo comimos con ellos... y al despedirnos... no pude menos que... mostrarles mi agradecimiento... que fue devuelto con... un fuerte abrazo sentido... y un... "gracias a vosotras por compartir"... 

Por la tarde... al cine... con mi hija, mi ex-cuñada y su hermana... palomitas dulces... refrescos... y a disfrutar de... "burlesque"... que nos encantó a todas.

Confieso que... incluso hoy... he estado con la esperanza de... recibir una llamada que dijera... "te hemos echado de menos"... o... "esperamos que lo hayas pasado bien... y que el año que viene... la pases con nosotras"... o cualquier cosa similar... que me desmostrara que... me había equivocado con mi decisión... y que realmente... les importaba... pero no... 

A pesar de todo... o quizás precisamente por como ha sido todo... este año... la Navidad está teniendo... sabor a eso... a Navidad.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Dos meses... y un día


Parece el título de... una mala película... o de una condena... sin embargo... es el tiempo que ha pasado... desde la última reunión familiar.

Dos meses y un día... con la decisión tomada.

Dos meses y un día... sin una llamada... hasta hoy.

Llamada esperada... se lo dije ayer a mi hija... "mañana llamará... con la excusa de que es mi santo"... y efectivamente...

Conversación breve... intrascendente... (hace mucho que... no tenemos temas de conversación)... en realidad ni siquiera me ha felicitado... pero tampoco importa... y por fin... la pregunta... "¿venís el viernes a comer... o por la tarde?"... "este año no vamos"... la voz se le quiebra durante unos segundos... "como quieras"... despedida rápida... 

Por un momento... me tambaleo... dudo... reflexiono... ¿compensa?...

Dos meses y un día... sin angustias... sin ansiedad... sin tener que "mentalizarme" para hacer una llamada... o acudir a un evento familiar...

Dos meses y un día... con algunos momentos de tristeza... pero tristeza serena... de aceptación y reconocimiento de que... las cosas son como son... y no puedes cambiarlas.

Ya... no se trata de si... es lo mejor o lo peor que se puede hacer... es que es la única alternativa posible... si quiero mantener mi equilibrio.

Sí... parece que sí compensa...

Cuando yo tenía más o menos... la edad que tiene ahora mi hija... me dijo... "cuando seas madre... entenderás muchas cosas".

Bien... llevo casi 19 años... siendo madre... y lo poco que en aquel momento entendía... he dejado de hacerlo.

Este año... nuestra Nochebuena... será diferente...

No... no estaremos solas... estaremos con gente que... no nos dicen que nos quieren... pero... que nos lo demuestran... cada vez que tienen la oportunidad de hacerlo.

"Obras son amores... y no buenas razones"... que decía mi abuela.

Gracias por sujetarme en tu mano... justo cuando lo necesitaba

martes, 7 de diciembre de 2010

Oliendo a Navidad


Hace muuuuchossssssss añosssss... el puente de la Constitución... no existía.

Como mucho... algunos afortunados... disfrutaban del puente de la Purísima... aunque eso sí... no se viajaba tanto... y los controladores aéreos... no abandonaban sus puestos de trabajo.

Aprovechando ese "puente"... en mi casa se hacía... zafarrancho de limpieza super intenso...

Se lavaba la cristalería y la vajilla "buena"... se limpiaba la plata y los "dorados"... las lámparas... etc...

Desde el más grande... al más chico... todos hacíamos algo... mientras vociferábamos... más que cantábamos... todos los villancicos del mundo mundial.

No recuerdo... muchos adornos navideños... ni recuerdo un árbol con luces y decorado... lo que sí recuerdo es... que encima del aparador... se ponía un nacimiento.

Lo mejor... llegaba al día siguiente de la festividad... cuando al regresar del colegio... y ya en la escalera... se olía a Navidad.

Durante unos días... mi madre no trabajaba... y se metía en la cocina a preparar los dulces de Navidad.

Bandejas y bandejas... entraban y salían contínuamente del horno... llenando con su aroma... la casa... la escalera...

Eran días de movimiento... de excitación... de nervios... y de alegría.

Sin quitarme el abrigo... entraba a la cocina a darle un beso a mi madre... y pillar un pellizco de masa cruda... para hacerle la "cata".

Daba igual... de qué dulce se tratara en ese momento.

Para merendar... podíamos probar... los primeros dulces... aquellos que se rompían... habían salido un poco menos hechos... o se habían quemado ligeramente.

Seguía dando igual...

Conforme los dulces se iban enfriando... iban a parar a los cajones del aparador... donde eran guardados bajo llave... hasta el día de Nochebuena... en que se preparaba la primera bandeja... y ya no se cerraban los cajones.

Todos los días... intentábamos abrir los cajones... por si acaso en un descuido... a mi madre... se le había olvidado cerrarlo... pero casi nunca sucedía.

Pero... éramos niños... y pícaros, jajaaaajajajajaja... y empezamos a controlar... la dichosa llave, jajaajajajajajaja.

Y un día... se me ocurrió probar... las llaves de la vitrina... yyyy... ¡¡¡¡¡eureka!!!!!... ¡¡¡¡dos llaves abrían los cajones!!!!, jajaajajajajajaajaaajaja.

A partir de ese día... todas las tardes... "desaparecían" unos cuantos dulces, jajajajajajajajajaajajaja.

Mi madre se dió cuenta de que algo pasaba... a partir del segundo año... y para el tercero... guardó todas las llaves.

Ese año... nos quedamos sin dulces por la tarde... hasta el día de Nochebuena... peeeeeeeeeeeeeerooooo... justo ese día... cuando todas las llaves volvieron a su sitio... una desapareció... "misteriosamente".

Y yo... yo no fuí... ¿o sí???? ;) :P, jajajajajajaaaajajajajaja.